

OBJETO DEL PROYECTO
Los antiguos se identificaban con su teatro porque lo sentían parte de su cosmovisión, de su universo mitológico y antropológico. El hombre actual no hace historia, motivo por el que dificilmente se siente representado en un escenario, ni los actores identificados con el público. Para que esto suceda hay que rehacer el camino que lleve a todos a recuperar el lugar perdido. Piscator, Brecht o Eisenstein rescataron la épica popular subiendo la calle al escenario para que el espectáculo volviera a funcionar como revulsivo de la realidad, y con ello afrontar el conflicto humano. Juan Dolores Caballero, creador de esta obra, trabaja en el arduo empeño de desgranar el conflicto humano que ha recibido en herencia, para encontrar al hombre. Pero esta tarea no es fácil, cómoda ni al uso. Con una mínima identificación épico-cultural sería posible asumir la biografía de los espectadores y llevarles a una causa común, expiación o salvación personal (catarsis), y cuando aparecen nexos biográficos también es posible arrastrar hasta sus conciencias ilusiones con las que nutrir su historia. Mas ¿qué hacer cuando fallan ambas vías de penetración?
La sociedad posee un departamento especial donde acopia a los ciudadanos descontextualizados. En sus estanterías se apilan personajes de toda condición debidamente clasificados por causas varias (descartados o auto-descartados) o simples seres sin causa (rebeldes), afectos a patologías psicológicas (diferentes), sociológicas (marginados), ideológicas (traidores), morales (perversos), infieles (herejes), no reciclables (inútiles), cuneros, ilegales, sin techo, apátridas, y un largo etc. donde se hacen y rehacen otras valoraciones del momento. Puesto que la suma de descartados excede por abrumadora mayoría a los que van en la partida, constituye un problema de perversa magnitud establecer canales de entendimiento entre partes que alguien ha tirado, o ellos se arrojaron a la cuneta. El meollo de este asunto excede muy de largo las posibilidades de la expresión lingüística, quedando al alcance solo de aquellos afortunados a los que la naturaleza ha dotado de recursos extra-lingüísticos, tales como músicos, poetas y faranduleros. Ellos encienden la linterna mágica que alumbra los sueños de todos los que sueñan:
Yo voy en ese tren que pasa por tus ojos
y por los ojos de todos los que sueñan.
En él escribo mis versos y por la ventana
los arrojo, como lluvia que el viento reparte
a todas las piedras y las plantas del camino.
(El Tren; Detrás de la luz. Miguel Alarcón1972 Inédito)
¿Es posible obtener un fruto apetecible de las semillas que misteriosamente germinan en los sucios pedregales de las cunetas? ¿Cómo se representa "El Gran Teatro del Mundo" renombrando a los personajes con los pedigüeños, gorrillas aparcacoches y tontos de pueblo que se arremolinan a la puerta de la función?
El gran arte es espantoso porque muestra lo impensable y omite lo predecible.
Juan Angel Corzo, Mayo 2009
Juan Dolores Caballero es autor y director teatral. Su planteamiento sobre la obra es como sigue:
"Entendemos y experimentamos el ejercicio del teatro y de la danza solamente desde la emoción. Porque sin ninguna duda, las artes escénicas han sido siempre la Barraca de Feria que contiene el verdadero espectáculo de la emoción, al que intentamos llegar y al que intentamos proteger de la estabilización oficial y académica en la que vivimos y en la que creamos.
Ante la necesidad de exhibir todo aquello que nos avergüenza, buscamos un lenguaje universal no escrito, basado en el ritmo, el movimiento y la gestualidad. Los hombres como objetos que custodian la memoria. El hombre usado de una manera bien distinta a como aparece en ciertas vanguardias históricas. Este hombre utilizado es un objet trouvé que rezuma memoria, conserva las huellas de su propietario, las marcas de su energía; es el objeto de la tienda de un anticuario, el que ya casi no sirve para nada y se amontona en la basura".
Juan Dolores Caballero
Teatro del Velador - 5/2009; Fecha de estreno prevista 11/2.009
Ante la necesidad de exhibir todo aquello que nos avergüenza, buscamos un lenguaje universal no escrito, basado en el ritmo, el movimiento y la gestualidad. Los hombres como objetos que custodian la memoria. El hombre usado de una manera bien distinta a como aparece en ciertas vanguardias históricas. Este hombre utilizado es un objet trouvé que rezuma memoria, conserva las huellas de su propietario, las marcas de su energía; es el objeto de la tienda de un anticuario, el que ya casi no sirve para nada y se amontona en la basura".
Juan Dolores Caballero
Teatro del Velador - 5/2009; Fecha de estreno prevista 11/2.009
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